El amplio estuario que forma del río Miño antes de desembocar en el mar genera una gran variedad de hábitats palustres de gran extensión e interés. Muchos de ellos ocupan islas fluviales como la Canosa, muy atractivas para la fauna por su distancia a la presencia humana.
El lugar es especialmente atractivo para una gran variedad de aves, que se pueden observar desde varios observatorios situados a lo largo de una ruta señalizada. Destaca por ejemplo la presencia de cormoranes grandes, garzas reales, garcetas comunes, ostreros euroasiáticos, zarapitos reales, aguiluchos laguneros o águilas pescadoras, entre muchas otras.



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